Reflexión a través de la Poesía


 
   

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A mi Madre.

 

Centinela de mis pasos, mi consuelo en la tristeza.

Tu presencia es en mi vida un bálsamo sanador.

Cuántas acciones heroicas manifiestan tu grandeza.

Tu ejemplo de sacrificio es un símbolo de amor.

 

Si percibes infortunios tu corazón se enternece

y con manos afanadas te entregas con devoción.

Eres cual blanco nenúfar que aún en el lodo florece.

Eres puerto de esperanza en el mar de mi aflicción.

 

Me devuelves la alegría con tan solo una caricia.

Cuando sombras me rodean hallo la luz en tu faz.

Me refugio en tu regazo, es mi oasis, ¡qué delicia!...

Tú transformas mis pesares en un torrente de paz.

 

Nada detiene tu paso cuando impones tu presencia.

La ingratitud no es pretexto para que dejes de amar.

Ante injusticias mezquinas y la tanta indiferencia,

¿cómo puedes darlo todo y hacerlo sin descansar?

 

Te recordaré por siempre, OH madre de mis amores.
Cuántas lágrimas vertidas que nunca podré enjugar...
Los recintos de palacios aun perfumados con flores

no superan la fragancia que esparces en el hogar.

 

Si algún día por desgracia nunca más pudiera verte,

 si velando ante mi lecho no te volviera a encontrar;

vivirás en mi memoria donde siempre he de tenerte.

Fue tanto lo que me amaste que no te podré olvidar.

 
 

 

 
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