|

Mi terruño
Qué triste fue la partida
de mi terruño adorado,
con el que siempre he soñado
y por el cual doy la vida.
¿Podrá sanar esa herida
que agobia mi corazón?
Creo que la solución
es regresar algún día.
Recuperar mi alegría
es una sana ambición.
Las palmeras se inclinaron
cuando salí de mi tierra
y los robles de la sierra
a mis pies se deshojaron.
Las flores se marchitaron,
el sol no quiso salir,
no me pude despedir
de un astro rey, que impotente;
se ocultaba reverente
para no verme partir.
Y la luna se ocultaba
detrás de un manto de estrellas,
no queriendo dejar huellas
las lágrimas se enjugaba;
el riachuelo murmuraba
y un tanto aletargado
entre el lodo sepultado
convulsionaba gimiendo.
Todo se estaba muriendo
en mi terruño adorado.
|